domingo, 30 de mayo de 2010

Daniela Edburg
Jamón, jamón

Diálogo con mi madre un domingo cualquiera, de esos que empiezan muy bien por los recuerdos de la noche anterior, pero que se van tornando grises cuando se aproxima la vuelta a la realidad de una nueva semana. Con el antecedente de unos días de tensión familiar que no se han manejado bien por un anuncio de una posible enfermedad que ella pudiera padecer.
Mi progenitora me ve llegar por la mañana a la casa y después de una observación minuciosa a mi atuendo y mi aspecto y un gesto juicioso por no haber llegado a dormir la noche anterior, enuncia...
Mamá: hola, espero que no te enojes por lo que voy a decirte, pero creo que estás subiendo de peso otra vez.
Yo: (muda me sirvo un litro de agua simple y me encierro en mi cuarto que no es mi cuarto porque a principios de esta semana fui desprovista de él)
_1 hora después_ con el olor a carne que sube y entra por la ventana...
Mamá: Marianna ¿no quieres bajar al asado?
Yo: NO!
_media hora después_
Mamá: Marianna ¿no quieres comer? Hay ensalada y no tienes que comer postre sino quieres.
Y hablo desde mis 26 años, sustentando mi teoría de que las madres son las causantes principales de los trastornos alimenticios de sus hijas, que terriblemente empiezan a presentarse ahora desde los 6 años.

No hay comentarios:

Publicar un comentario