domingo, 28 de febrero de 2010

Muerte por Belleza



Drop Dead Gorgeous: Cuerpo consumado y consumido


La sociedad del exceso.
Los excesos son cosa común en la actualidad. Todas hemos buscado la escapatoria a los cotidianos problemas que se nos presentan a través de excedernos en cosas que sabemos dañinas para nosotras mismas. Nuestro cuerpo es el que sufre los estragos de estos desquicies y arranques. Cualquier situación conflictiva se vuelve un buen pretexto para atracarnos un bote de helado entero a cucharadas porque nuestro novio nos dejó por alguien más, o abrir un tubo de galletas y comérnoslas hasta que sólo queden migajas y una culpabilidad tremenda. Somos los causantes de nuestros propios remordimientos y no conformes con eso, rematamos con transmitirlo a los demás para sentir su rechazo y asumir lo miserables que podemos ser.
Daniela Edburg en su serie Drop Dead Gorgeous, juega con la idea de abordar el tema de la comida como algo determinante (y no algo necesario, vital) del día a día de la mujer. Digo determinante por el hecho de que a veces inconscientemente basamos nuestras actividades diarias en lo que comemos o dejamos de comer. De eso dependen en ocasiones, los lugares que frecuentamos, la gente con la que convivimos, el ejercicio que hacemos y hasta nuestro estado de ánimo. Protagonizan la obra de Edburg, el conteo extremo de calorías, la ausencia de alimento, el llamado “atascón”, los productos Light (el Canderel, el Slim Fast), el ejercicio físico exagerado y las cosas que son casi tabues, prohibidas, como las que están cargadas de azúcar (gummy bears, el algodón de azúcar, galletas Oreo, los pasteles…), así como algunos productos artificiales para embellecer, como los tintes de cabello, la cera para depillar, la secadora de pelo…
La comida en grandes cantidades y la saturación de colores vivos e impresionantes en la obra de Edburg, nos hablan exactamente de esto: la falta de control que a veces tenemos sobre nosotras mismas y nuestros vicios, que más allá de estar relacionados con las drogas, el alcohol, el cigarro y los costumbres más castigadas por la sociedad, están en las cosas más cotidianas: nuestra propia manera de comer, de hacer ejercicio, de seleccionar nuestros alimentos, nuestras amistades, nuestra ropa, nuestros productos de uso diario… Así mismo, lo complicadas que podemos ser en las cosas más sencillas de la vida diaria puede reflejarse en estas imágenes: cómo a veces queremos ahogarnos en un vaso de agua, o vemos nuestros problemas tan grandes que los percibimos aplastantes, y pensamos que nos gustaría desaparecer, morir en ese instante por nuestra terrible e insignificante existencia o nuestros enormes problemas sin solución
En la actualidad, muchas veces sin darnos cuenta, nos vamos volviendo más y más dependientes de los productos que anuncia el mercado y cuando menos lo esperamos, se vuelven algo imprescindible en nuestras vidas. ¿O te imaginas despertar un día y percatarte que se terminó tu Sedal, el único que puede aplacar esos chinos desesperantes, y no entrar en la histeria? ¡O llegar a prepararte tu té mañanero y que no encuentres el Canderel y tengas que usar AZÚCAR! ¿O que no funcione tu plancha del pelo, o que no encuentres tu rímel o peor aún tu polvo de maquillaje?¡O que abras una revista y leas un artículo en el que te enteres que tu café favorito, el que tomas diariamente y dice ser light, tiene 1000 calorías! ¿Cuántas calorías de más habrás tomado en el último año? ¿O que los tops increíbles que viste en una revista y están de súper moda no puedes ponértelos porque pareces una salchicha mal amarrada? ¿O qué tal que alguien subiera al Facebook sin consutarte (¡Quisieras matarlo!) una foto tuya en la que lo único sobresaliente es tu enorme papada? (pues claro ese no es tu ángulo, ¡pero nadie tuvo la desencia de avisarte que ibas a ser fotografiada!) Son cosas de lo más banales, pero se han ido haciendo parte de nuestro día a día y cada vez somos más dependientes de ellas. La misma fotógrafa en una entrevista me dijo:
“Creo que lo que me intriga es la contradicción de la naturaleza humana, el aspecto moral podría estar en la tragedia de movernos a base de culpas, cuando la culpa nace del placer, de seguir nuestros impulsos. Es este absurdo el que me interesa representar. Pero la intención es quizás más inocente, como decir: ¿no es ridículo? Las reacciones son tan variadas como las experiencias personales del espectador, todos nos reconocemos en estas imágenes.”

Y es cierto, seguro al ver sus imágenes, te identificas con más de una y por eso te perturban. De aquí que este ensayo parta de la idea de evidenciar la constante de plasmar en la imagen los excesos de nuestra sociedad consumista y los efectos de los transtornos alimenticios que nos afectan, sobre todo a las mujeres jóvenes.

Muerte por Belleza: más vale muerta que gorda
En el caso de Drop Dead Gorgeous, la autora hace uso de la fotografía para experimentar un acercamiento a uno de los problemas que más afectan a la juventud de nuestra época que son los trastornos alimenticios y las enfermedades que éstos traen consigo. La juventud femenina (actualmente el grupo más afectado) está llena, gracias a los medios masivos de comunicación y a las miles y miles de imágenes con las que tiene contacto diariamente (de las cuales no puede prescindir y pocas veces es capaz de discernir, debido a la forma bombardeante con que éstas la atacan) de las ideas más descabelladas acerca de la “belleza”, del status, de la imagen ideal que deben proyectar y sobre todo de la delgadez y la figura esbelta que debe poseer para “encajar” en los estándares aceptados por la sociedad. Por todos estos factores es que la mujer se inserta de manera casi irracional en los cánones de belleza y puede llegar a morir por ello.
Como sabemos, la sociedad, sobre todo las jóvenes entre 12 y 25 años, están sumamente expuestas a caer en transtornos alimenticios que pueden afectar su salud de manera irrevocable o hasta causarles la muerte. La anorexia, la bulimia y la vigorexia, son tan solo algunos de estos transtornos relacionados con la alimentación y el ejercicio.
Los transtornos alimenticios además de reflejarse en la conducta del individuo, propician efectos psicológicos generalizados que provocan ansiedad y pérdida de conciencia de la realidad. De hecho estos efectos han llegado a permear a toda la sociedad y sin ser conscientes de ello, ahora vivimos con estos como parte de nuestra cotidianidad. Entre los más representativos (y dime si no te identificas al menos con uno) están: la excesiva preocupación ante la posibilidad de engordar, los constantes pensamientos erróneos sobre la comida, peso y figura, la sobreestimación del peso y las dimensiones, la confusión con las sensaciones de saciedad/plenitud, las dificultades de concentración y fallo de memoria y los pensamientos incorrectos de generalización, dicotomía, etc. además de los cambios de carácter, características depresivas (inestabilidad emocional), pensamientos suicidas, fobias y ansiedad constante.
Sin embargo hay otras prácticas derivadas de la obsesión por la apariencia física y el anhelo por perder rápidamente unos kilos como la liposucción, que es la operación de cirugía estética más practicada. Dicha intervención consiste en extraer los cúmulos de grasa estancados y contornear la figura del cuerpo. Debido a la popularidad que ha adquirido esta práctica, han salido a la luz casos de médicos charlatanes que la practican sin las condiciones de salubridad necesarias y a pacientes no aptos para esta cirugía y así han dejado su vida en el quirófano miles de personas que tan solo querían ser más bellas.

Linaje materno
Es común la tendencia de los y las artistas, de realzar el linaje paterno de una obra o un autor y no tomar en cuenta la línea materna, oculta en ocasiones, negada en otras o simplemente dada por hecho. Como indica Mira Schor, “El linaje materno y la hermandad, aunque constantemente ocultados por el patriarcado, existen ahora como sistemas de influencia e ideolología.”
La cuestión del linaje materno es un tema poco tratado en la historia del arte, por el hecho de que le es en parte contradictorio. En sí, es una manera de hacer interpretación y análisis de obra a través de las influencias femeninas que le corresponden, dejando de lado o por otro lado, las masculinas que son los típicos referentes de un artsita, obra o movimiento. Por lo menos así ha sido hasta ahora.
Las artistas mujeres han tratado de validar su trabajo haciendo referencia, tanto a manera de influencia, inspiración, homenaje o también de oposición a la obra de artistas canonizados. Los llamados Padres de la historia del arte, como pueden ser Picasso, Pollock, Warhol, Duchamp, Joseph Beuys, entre otros, han monopilizado los textos sobre mujeres artistas. De esta manera el trabajo de muchas artistas precedents (Madres) ha sido menospreciado o ignorado, por considerarse inútil para estos fines.
El linaje paterno en la obra de Daniela Edburg está más que explícito, y es un referente directo. Además de los autores que selecciona para reinterpretar sus obras (todas canonizadas bajo el linaje paterno validando su discurso sobre el renombre de artistas masculinos: Jaques-Louis David, Jean-Francois Millet, James Whistler, Jean Auguste Dominique Ingres, Alfred Hitchcock, Quentin Tarantino…) sus influencias son de la misma manera provenientes del pop art, desde Andy Warhol y Claes Oldenburg, hasta su más directo y claro referente que es David LaChapelle. Queda claro este último lazo en la imagen Death by Hamburger de este autor, donde una figura femenina ha sido aplastada por una hamburguesa gigante (haciendo referencia a la Floor Burger de Oldenburg, cuya obra caracterizada por sus esculturas blandas y de tamaño inusual, es repesentativa del pop art) que la ha dejado sin armas para sobrevivir, que ha sido más fuerte y poderosa que ella. Sin embargo, dicha mujer no ha perdido el estilo, a pesar de haber sido aniquilada, sus piernas no presentan detalle alguno de fractura o ematoma, ni siquiera están desfallecidas, de hecho se encuentran en una posición digna de una actriz modelando zapatos de la última temporada de una marca prestigiosa. El hecho de tratar a la mujer como objeto, evidenciando la banalidad de sus costumbres y acciones, recuerda al pop art, con su discurso también falocentrista y generalmente machista, acepta el materialismo en el que se desenvuelve la mujer y lo exagera. Y como en Death by Hamburger, en las imágenes de Drop Dead Gorgeous, vemos a las mujeres muertas, pero hermosas.
Sí hay madre…
Sin embargo, si ahondamos en la obra de Daniela Edburg, podemos ver que algunos de sus referentes femeninos son muy claros. Cómo diría Mira Schor "Sí hay madre..." . Un ejemplo la propuesta de Janine Antonie con su exposición titulada Gnaw, ésta, compuesta por dos obras, plantea directamente el tema de la bulimia, con una pieza enorme de chocolate, que aunque parece cincelada, en realidad fue mordisqueada por ella misma y otra trabajada de la misma manera pero hecha de manteca de cerdo. En Drop Dead Gorgeous, Daniela Edburg aborda este tema delicadísimo de una manera irónica, pero que así mismo resulta aterradora por lo cotidiano y hasta común que parece.
La comida en grandes cantidades, sobre todo los dulces, los productos para adelgazar o “no engordar”, los artefactos de belleza más comunes, las actividades cotidianas de embellecimiento, hasta los refractarios o los envoltorios de y para guardar los alimentos… se hacen presentes en todas las fotografías de Drop Dead Gorgeous. Pero no están ahí cumpliendo su labor habitual, sino que aparecen de una forma letal, atacando a la mujer que hace uso de ellos, hasta matarla o dejarla al borde de la muerte, o simplemente herirla de manera irrevocable. Daniela Edburg retoma la idea de lo muerto en su obra pero enalteciéndolo, glorificándolo y además embelleciéndolo.
Todos estos temas se han tratado continuamente en el arte y sobre todo las mujeres han sido quienes han profundizado en ellos. Podemos ver en las fotografías de Vanessa Beecroft, de su serie VB52, en donde coloca en una elegante mesa, un banquete y a varias mujeres disponiendo de él, que antes de probar bocado, buscan cualquier tipo de distracción para no consumir lo que tienen enfrente. De igual manera todas son mujeres esbeltas, obviamente preocupadas por su apariencia sobre todas las cosas. Beecroft utiliza chicas más o menos idénticas entre ellas: jóvenes, atractivas, con el mismo tipo de cuerpo, pelo, algunas veces utiliza pelucas, los mismos zapatos, accesorios y maquillaje, pero lo que más resalta de su elección es la delgadez exrema de sus modelos. Exponiendo de esta manera el ideal del cuerpo femenino en voga.
Por otra parte, Nan Goldin con la fuerza que caracteriza sus imágenes, por lo crudas y cercanas a la realidad que son, retrata la muerte, los vicios y la violencia de su gente cercana y de su propia historia; los plantea de una manera tan evidente, tan personal, que duelen en carne propia. Así mismo, Daniela escoge los productos que hieren a las modelos de sus imágenes, a veces porque son referentes autobiográficos, otras veces porque tienen que ver con la persona que sale en la foto (siempre es una amiga), otras veces le interesa usar productos cuyo diseño le parece clásico, o que le recuerdan a su niñez. Dotando a las fotografías de un aspecto biográfico y auntobiográfico, del mismo modo que Nan Goldin.
Estos son algunos de los referentes maternos de los que hablaba, que son tan sólo un velo en la fotografía de Daniela Edburg, pero que se encuentran tan presentes que no hay manera de ignorarlos. En esta relectura de la historia del arte se pretende acercar más al público a la forma en que vivimos, dialogando con las imágenes, conviviendo con los objetos que nos rodean e interactuando con los temas de la comida y los trastornos alimenticios, las relaciones familiares, sobre todo con nuestras madres y los excesos de la juventud actual.

Prácticas alimentarias y el lazo maternal.
Las obras que lidian con temas de comida y cuerpo se enfrentan a la compleja relación madre /hija y ofrecen un camino para construir los deseos propios de la mujer sin la represión de la relación maternal. Existen teorías que identifican los problemas con la comida con las relaciones maternales. Rose Mary Betterton en su libro Intimate Distance, habla del origen de la anorexia como el de la independencia de la madre que impone su poder sobre la hija al hacerla comer lo que a ella le parece adecuado (ya sea de más o de menos), lo cual ocasiona problemas irrevocables en su manera de alimentarse.

La bulimia por otra parte, es un mecanismo dual que involucra el placer oral de ingerir el alimento, revertido por el hecho de expulsarlo, donde la carga de la Carne está siendo negada, al no haber sido percibida en el peso y no haber entrado al sistema digestivo de la persona. La bulimia se ha visto también como una transtorno que manifiesta dualidad: la dualidad del placer que pueden llegar a causar el vómito y la defecación, y el asco que estas acciones representan, el hacer, por ejemplo la comida y deshacerla, devolverla, destruirla con el vómito, la dependencia al alimento para vivir y la independencia que puede ser, precindir de éste para la vida de una persona anoréxica por ejemplo, las represiones; las dietas, la comida chatarra, las drogas, el alcohol en contraparte con el deseo que estos productos pueden desatar. La bulimia está ligada además, con la dificultad de individualización, o la separación de la madre. El acto de deshechar los alimentos proporcionados por la madre (la leche materna), es una afirmación del poder de la hija, que al extraerlos por voluntad propia de su cuerpo está rechazando control maternal sobre ella. Se evidencía esto cuando se tiene un regreso a los instintos de la infancia: el juego con la comida, los deshechos, la intromición de cualquier objeto a la boca, o el hecho de chuparse el dedo para reemplazar el cuerpo de la madre.
De la anorexia también se ha dicho que es una forma que acató la mujer para revelarse contra su inferioridad, dejando de comer hasta perder aquellas características que la identificaban como ser femenino, la forma curveada de su cuerpo, sus senos, sus caderas, hasta la pérdida de la menstruación a consecuencia de la falta de nutrientes, denegando así de su sexualidad. Carmen Mariscal se refiere a este tema de una forma directa en su obra Ayuno voluntario de 1999. En esta instalación la artista nos presenta una gran mesa puesta (lo que podría recordarnos a VB52 de Vanessa Beecroft) toda en blanco, el mantel y el plato con cubiertos llenos de clavos y una silla vacante igualmente de tamaño desproporcional. En la parte superior, de lo que parece una lámpara (igual blanca) un video proyecta la imagen de un rostro hablando, que llenan el plato vacío de manera virtual, aludiendo a la manera en que las personas con estos transtornos perciben su realidad y se hacen creer a ellas mismas y a los demás que están bien, que no neceistan del alimento y que están tan delgadas como debieran estar.

Conclusiones:
En esta relectura sobre la obra de Daniela Edburg se abarcan varios ámbitos. No por esto se ha profundizado en todos ellos, sino que se le han proporcionado al lector distintos acercamientos posibles que podrían proponer una nueva mirada a estas obras desde una perspectiva de género.
Esto no pretende ser una cátedra de la buena alimentación, ni un recorrido histórico sobre la relación entre el arte y los alimentos, simplemente se expone el problema para que sea considerado y el lector autoanalice su situación o la de la gente con la que convive. Se expone también la relación de lo maternal con lo alimenticio y el problema de la ausencia del linaje materno en la mayoría de los discursos sobre el arte femenino.

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