viernes, 7 de enero de 2011

El año que conocí a la muerte


De pronto me vuelven a dar ganas de escribir. De escribir así, para nadie. Para la muerte tal vez, que tan amiga mía se ha vuelto este año. Releyendo mis escritos pasados en este blog, me confunde mi relación con ella, sí con la muerte. A veces hablamos como si de verdad supiéramos de qué va. La muerte se distingue por sorpresiva, por acechora, por lista, por cruel, por fiel también. Yo pensaba que la conocía, pero en los últimos meses no cesó de demostrarme sus múltiples caras, no cesó de sorprenderme, de agarrarme desprevenida, de matarme y revivirme. Mis seres más queridos, pasaron por manos de la muerte esta año, a mi mamá la tomó para gritarle en la cara que era más fuerte que ella, pero no que ella y yo juntas. O sí. Al amor de mi vida lo mató en mis brazos, se lo llevó dejándome a mí descuartizada, desollada. Todo el mismo año, casi insoportable, tanto que mi propia muerte pasó por mi mente vívidamente más de una vez. De hecho me mató un poco.

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