

José Clemente Orozco, quien se convertiría en uno de los grandes muralistas de México, estudia en la Academia de San Carlos entre 1906 y 1914. trabaja como ilustrador durante los años de la Revolución Mexicana y crea pinturas y litografías cuyos temas son extraídos de ambientes de prostitución, bares, así como escenas de las calles de la Ciudad de México, en su mayoría de personajes femeninos.
En esta etapa, anterior al advenimiento del muralismo tiene su primera exposición individual en la Ciudad de México, donde expone en su mayoría dibujos de prostitutas, esto un año antes de trasladarse de su país natal a los Estados Unidos.
El cuerpo del deseo, el cuerpo en su máxima expresión, sin pretenciones de belleza, mostrando la realidad cruda y apabullante de la prostitución en México durante la época revolucionaria. Orozco se siente atraído por la vida de estas mujeres del submundo de la ciudad y se empeña en representar las escenas de su vida cotidiana dentro del burdel.
La acuarela le permite al pintor explayarse en la representación de estas mujeres que vivían una situación miserable. Con una gama de colores en su mayoría sobrios, Orozco utiliza el trazo fluído que le permite esta técnica para experimentar el movimiento de los cuerpos que pinta. Escenas de interiores, donde el ojo vouyerista de Orozco se interna para captar las escenas más comunes de esos espacios del placer y del vicio. Como Toulouse-Lautrec, plasma en sus telas el ambiente de los cafés, los cabarets y las casas de citas. Recuerda a este pintor impresionista francés, además por su incerción en un espacio al que pocos caballeros tienen acceso, a la intmidad de estos sitios públicos, a los momentos de privacidad de estas “mujeres públicas”.
En “La desesperada”, por ejemplo, vemos una pupila (aprendiz del oficio) que yace tumbada en la cama desbaratada de la habitación donde sólo hay dos elementos más, un espejo chueco y un perchero. Está tendida, derrotada, con el cabello cubriéndole la cara y las piernas desvanecidas. Muestra cansancio y hastío después de una larga jornada laboral, quizás su primera experiencia. Parece estar agotada y abrumada, como si gritara en silencio, un grito de desesperación, de impotencia. Las otras dos mujeres de la escena se muestran resignadas, ellas han asumido su papel y parecen estar en un evento común, algo de todos los días. Los colores con que Orozco las presenta, que se funden con los colores de la habitación, radican en la tonalidad general de viejas tapicerías, la joven, sin embargo, viste este azul brillante, que refleja su inocencia, su juventud, su espírito vivo aún, no inerte como el de sus dos compañeras. ¿Qué pudo haber pasado minutos antes de este momento que Orozco captó? Además de la novata que yace en la cama, la otra mujer que le sigue en edad parece estar alistándose para dormir un poco, la mayor, quien podría ser la Matrona, tiene una expresión sombría y se dirige a donde se encuentra su pupila. Por la cama destendida entendemos que acaban de atender a un cliente en la misma habitación, pero al parecer la jovencita no ha podido ni levantarse y no tiene la menor intención de hacerlo. Le están robando su juventud y pronto se convertirá en las otras, en la que ya asumió su papel y en la que lo vive amargamente desde hace muchos años, tal vez es ella misma en tres etapas de su vida en el prostíblulo, representa perfectamente esta idea del paso del tiempo, de los tiempos que se solapan y se fusionan.
En “La cama azul” aparacen igualmente tres personajes femeninos, sin embargo, es una escena mucho más relajada. Las chicas parecieran estar conversando, de los acontecimientos del día. Una está desnuda, quizás está terminando un trabajo y les cuenta a las otras dos lo acontecido. La cama destendida como en “La desesperada” puede ser indicativo de esto. Pero no parece sufrir, la posición de su cuerpo indica laxidad, los tonos azules hacen la escena un poco más amigable.
En estas dos acuarelas podemos ver a un Orozco experimental, que se avienta con los trazos a estudiar el movimiento. El cuerpo lo es todo en estas imágenes, más que el color , la línea y el movimiento hablan de lo que acontece y de lo que se vive. El enfoque de los personajes, de espaldas, o caminando, nos hablan de la interrupción del pintor en un espacio en el que no es bienvenido, en el que se ha internado sin permiso, porque una mujer no estaría así de relajada de haber un hombre en la habitación, parece haberlas sorprendido, o parece haberse llevado esta imagen en su cabeza de una experiencia en un prostíbulo.
José Clemente Orozco
La desesperada, 1913-1915
Acuarela sobre papel, 35 x 52
José Clemente Orozco
La cama azul, 1913-1915
Acuarela sobre papel, 35 x 51
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