martes, 9 de marzo de 2010

Esto es sólo una historia de ficción


Conocimos el infierno. El infierno es frío, el mal, el demonio, no es un ser masculino, no es un ser asexuado, es MUJER, una mujer reprimida, envuelta en una vida absolutamente banal, que se ha quedado sola. Se rodea de gente vacua y sin mayores preocupaciones que su imagen ante los demás. Este ser femenino, tiene un tamaño proporcional (quizás un poco disminuido) al daño que ha hecho a quienes trabajan para ella. Es grande y voluptuosa, con una voz pesada y resonante. Que constantemente grita “Asunto!!”

Dicen por ahí, que fue una niña mimada y consentida, a la cual se le cumplieron todos sus caprichos y le fue permitido consumir cuantos dulces y golosinas le viniera en gana. Pero en algún momento su mamá se percató de la rapidez con que su hija aumentaba de tamaño y se preocupó prohibiéndole el azúcar en exceso. La niña tomó este acto como una agresión a su persona y nunca volvió a dirigirle la palabra a su madre. Con más ansia y desesperación que antes, devoró botes enteros de dulces y cajas de galletas o croissants de chocolate a escondidas de la gente.

El infierno es un mundo que convive con el nuestro, que es tangible y existe entre nosotros. Al contrario de lo que nos han enseñado siempre, es hélido, de tal rudeza que hela los huesos y detiene el funcionamiento normal del cerebro. Te consume poco a poco, te va absorbiendo el alma, las energías, la sonrisa, te va deteriorando física y emocionalmente.

El diablo tiene secuaces, bichos raros de las clases más variadas que hacen que la estancia en ese lugar sea prácticamente inhóspita. Hay una larva, muy bella de hecho, esa larva vive en un cuadro blanco, al que le ha mordisqueado el contorno. Cuando la pierdes de vista, se introduce por tu oreja, y con el efecto del calentador eléctrico, que es lo único que te permite seguir respirando, crece, come la cubierta del cerebro, poco a poco, cuando no volteas a ver el cuadro. Esas son las oportunidades que este bicho toma para consumirte. Es paulatino su trabajo, no lo percibes, quizás te des cuenta de pronto cuando tornas tus ojos súbitamente al lugar donde está el marco que lo contiene y no lo ves. Pero un segundo después aparece, y piensas que fue una ilusión, ya cuando ha comido parte de tu materia gris, de tu intelecto y tus ideas, (sus pensamientos favoritos). Pero no estamos aquí para hablar de la larva, el infierno y el demonio eran el tema.

El infierno tiene pinta de no ser tan mal lugar, te despista con una linda biblioteca y unas hamacas, pero no te pertenecen, sólo eres espectador del confort que éstas representan.

Otros de los secuaces de esta endemoniada mujer, son los zánganos, pequeñas criaturas que andan tras la abeja reina (uno de los avatares del demonio), que puede poseerlos cuando le venga en gana, que deben de ser poseídos para ganarse el honor de servirla. Son personajes ensimismados, narcisitas, falsos, que se dan aires de intelectuales y creativos, pero en realidad portan facciones falsas que hacen grotesco su rostro, aunque son seres totalmente normales que aparentan ser distintos para agradarle.

Además está su fiel sirviente, un ser con ideología machista manifiesta, víctima pero a la vez testigo y cómplice de las maldades de la abeja reina. Este ser pestilente, abusivo y avispado, es el único inmortal.

Hay otros personajes, las abejas obreras. Son quienes se desviven en el trabajo que les impone la reina/demonio y mientras las consume el estrés, los horarios inhumanos, la carga de trabajo extrema, los líquidos dañinos en el ambiente, el hambre, el encierro y sobre todo el frío, son maltratadas verbalmente, retumban en sus oídos los alaridos de su jefa gritando su nombre o exigiendo “¡un chocolaaaaaaate!” Estos seres, son generalmente femeninos, al menos los más explotados, que hacen labores de variadas. Por ejemplo, abrir puertas de metal de peso insoportable, conseguir las ocurrencias de la reina o alguno de sus secuaces a cualquier hora, salir a la peligrosa colonia vecina del infierno, aún más peligrosa que éste en busca de materiales diversos o periódicos que hablen de economía. Arman, desarman, firman, cortan, pintan, compran ropa, programan sesiones de foto, recolectan aparatos electrónicos por la ciudad, van por café en bicicleta. No pueden contestar el teléfono, sino son cuestiones laborales, no pueden usar sus medios de comunicación con el exterior más que a escondidas, tienen prohibido usar calzado alto o ruidoso.

Después de tal explotación, no son dignos de recibir un pago, la reina dice que han trabajado por amor a ella y esto representa un honor que miles de abejas obreras esperan con fervor. Pero eso sí está muy agradecida con ellas. Cada cierto tiempo, una abeja obrera decide clavar su aguijón, aún sabiendo que esto significa la muerte. Pero sienten que es preferible.

Los bacanales son frecuentes en el infierno, decenas de personajes elegantes acuden a ver el resultado del trabajo de la reina y su séquito, donde obviamente ella se lleva toda la gloria. La gente admirada por el engaño se ensimisma con la escena y el tamaño de La Giganta.

Esto es sólo una mirada al mundo demoníaco del mercado del arte, experimentado y visto por los ojos de dos humildes abejas obreras.

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